Daniel Soto
En esta obra represento, por un lado, la inocencia del juego del niño, su mundo imaginario compuesto por montañas, selvas y granjas. Los animales de plástico cobran vida. Por el otro, abordo la soledad, el aislamiento de la infancia entre cuatro paredes, el escape de la circunstancia ineludible a través de la imaginación.
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